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Caruso y Sorrento

abr. 15, 2018 10:45

en Información General

Diario La Mañana de Bolívar - Información General - Caruso y Sorrento

Música

La ciudad de Sorrento siempre quedó eclipsada por la caótica Nápoles y la paradisíaca Isla de Capri pero guarda sus preciosos secretos. Situada en el extremo meridional del Golfo de Nápoles, fue fundada por los griegos, para luego pasar a dominio de los romanos en el 295 a.c. Anexada al Imperio Bizantino de Occidente, fue dominada luego por los Normandos, los Suevos y los Angevinos hasta la definitiva unificación al Reino de Italia en 1860.

Hoy Sorrento es una bella ciudad turística que se enorgullece de su Museo Correale, de la Catedral, del claustro de San Francisco, las ruinas de Capo Sorrento (fuera de la ciudad) y, fundamentalmente, de los acantilados que ofrecen vistas inmejorables de la bahía de Nápoles, la Isla de Capri y el Monte Etna. Los lugareños recomiendan tomar un bus por la estrecha carretera que conecta Sorrento con Positano, Amalfi y Salerno. El camino, que serpentea por los más altos acantilados del Mediterráneo, nos dejará atrapados en el tiempo e impávidos ante el panorama de los pueblos lindantes y los diferentes azules del cielo y del mar. Pero Sorrento también tiene otros atributos,como el de ser conocida por dos célebres canciones que tienen como escenario su belleza y su gente.

 

Torna a Surriento

En 1902 el alcalde de la ciudad era el barón Guglielmo Tramontano, también propietario de uno de los hoteles más importantes del lugar. En septiembre de ese año se produjo la llegada del por entonces presidente del concejo de ministros, Giuseppe Zanardelli. Días antes, Tramontano les había pedido a los hermanos De Curtis, Giambattista, poeta, y Ernesto, compositor, que escribieran una canción para honrar al ilustre huésped, quizás con la esperanza de obtener algunas gestiones a favor de la ciudad. Ernesto remozó una música que tenía registrada desde 1894 en la Sociedad Italiana de Autores y editores, y Giambattista le adicionó una letra para la ocasión.

Tiempo después, en 1905, la obra fue presentada en el Festival de Piedigrotta, con algunas modificaciones en su letra. ‘Torna a Surriento’ fue creciendo por peso propio y con el tiempo fue popularizada por cantantes líricos de la talla de Enrico Caruso, Luciano Pavarotti, José Carreras, Plácido Domingo, Andrea Bocelli, Mario Lanza, Franco Corelli, además de varios artistas populares.

Dice la letra: “Mira el mar qué hermoso es, inspira mucho sentimiento / igual que tu mirada que despierto, hace soñar / Mira, mira este jardín; siente, siente estas flores de naranjo, una fragancia delicada dentro del corazón va... / Y dices: ‘Me voy, adiós’ /  lejos de este corazón de la tierra del amor, ¿vas a tener el valor de no volver?  / Pero no me dejes, no me des ese tormento, vuelve a Sorrento, hazme vivir…”.

 

Caruso

El napolitano Enrico Caruso cantó con pasión ‘Torna a Surriento’, con el mismo ímpetu que le hizo convertirse en uno de los tenores más importantes de su época. Su caudal de voz, su expresividad y su riqueza técnica le confirieron un lugar privilegiado dentro de la lírica. Desde 1895  hasta 1920 tejió una carrera impecable que incluyó más de ochocientas presentaciones en el Metropolitan Opera House de New York. Su repertorio estaba compuesto por más de sesenta óperas y más de quinientas canciones tradicionales, además de tonadas populares de la época.

Fue el primer cantante que registró sus canciones en forma sonora. En 1904 firmó el primer contrato con la Victor Talking Machine Co, compañía fundada por el alemán Emile Berliner, inventor del gramófono. Esas grabaciones se realizaban en forma muy precaria en un estudio de la compañía en Camden, Nueva Jersey, Caruso cantaba hacia el interior de una bocina conectada a la máquina grabadora, nadie podía entrar a esa habitación, los músicos que acompañaban al tenor se sentaban en bancos de diferentes alturas, al fondo de la habitación. Las diferentes posiciones permitían controlar el volumen del sonido, ya que no existían amplificadores en esos días. Caruso realizó más de doscientas grabaciones y entre ellas, ‘Mattinata’, una canción de Ruggiero Leoncavallo, que se considera como la primera compuesta exclusivamente para ser grabada. Entre junio y julio de 1921, convaleciente de una grave enfermedad, Enrico Caruso se alojó en el Grand Hotel Excelsior Vittoria de Sorrento. A pesar de todo continuó cultivando su pasión por la música cantando y recibiendo a estudiantes de piano y canto. En el transcurrir de esas clases el profesor se enamoró de una alumna. Una agobiante noche de verano, el cantante, aquejado por un terrible mal, hizo sacar su piano a la terraza y le cantó débilmente su amor a la joven, los testimonios de la época cuentan que en esa hermosa noche rebosante de estrellas, Enrico Caruso cantó como nunca, que embelesó a los pescadores con su serenata de amor; afirman que, perdidamente enamorado, sintió que su vida se le iba mientras su amor por la joven se potenciaba. Dos días más tarde, el 2 de agosto de 1921, moría en Nápoles a los cuarenta y ocho años de edad.

Más de sesenta años después encontramos al cantautor boloñés Lucio Dalla visitando la ciudad. Una tarde Dalla abordó un barco con rumbo a la isla de Capri, el motor falló y la barca fue remolcada hacia el puerto de Sorrento. Su amigo, Lucas Fiorentino, actual propietario del Vittoria, le invitó a alojarse en su hotel. Durante esa estadía, Dalla se enteró de la existencia de una suite denominada Caruso y tuvo la oportunidad de oír la historia sobre Enrico Caruso y la joven estudiante de canto. Lucio Dalla quedó profundamente conmovido por esta bella y dramática historia de amor, con ese espíritu es que escribió una música conmovedora y una letra altamente evocativa. La llamó ‘Caruso’:

“Aquí donde el mar reluce y sopla fuerte el viento / sobre una vieja terraza mirando el golfo de Sorrento / un hombre abraza a una muchacha ahogado por el llanto / luego se aclara la voz y da comienzo al canto.

Te quiero mucho, más (pero) mucho, mucho, sabes...

Y en la distancia amor hoy resuenan más que nunca tus palabras, sabes...

Vio las luces dentro del mar, pensó en las noches de su América / pero era sólo algún reflejo y la blanca estela de un barco / Sintió el dolor en esa música que arranca del piano pero cuando vio la luna salir tras una nube no supo imaginar muerte más dulce.

Miró en los ojos la muchacha, esos ojos tan verdes como el mar / luego de improviso aquella lágrima y ya no pudo respirar.

La fuerza de la lírica como un gran drama falso, que con un buen disfraz y con la mímica te arrastra sin embargo / pero dos ojos que te miran de cerca son tan ciertos / te hacen recordar palabras, confunden pensamientos / así parece todo más pequeño hasta las noches de su América / miras atrás y ves tu vida como la estela de un barco / …lo sé, la vida que se acaba, no quiero ni pensarlo… / así se siente, ya feliz, para retomar su canto…”

 

A la versión de Lucio Dalla, publicada en “DallAmeriCaruso” (1986), son insoslayables las versiones de Mercedes Sosa en “Sino” (1992); la increíble interpretación de Luciano Pavarotti con el propio Lucio Dalla, registrada en septiembre de 1992 en Módena (publicada en el ciclo “Pavarotti &Friends” de ese año); la dulce aproximación en castellano que realiza Ana Belén, junto a Dalla, en “Mírame” (1997); la muy lograda interpretación del trompetista italiano Chris Botti en “Italia” (2007); y por último una versión a ritmo de tango de Diego el Cigala en “Dos lágrimas” (2009), con la participación de Richard Galliano en acordeón.

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