San Carlos de Bolívar

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Nota 1335 - (3ª Época)

De esto y aquello

sep. 02, 2018 12:13

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

El otro día en la reunión agónica que hizo el bali con oktubres y esmeraldas, o sea, con kirchneristas al uso, pidiendo impuestos a la soja para hacer obra, que hay que tener morro, pero en el muchacho es carrera hacia delante. Y lo que son las cosas;  me vengo a enterar que el actual intendente es kirchnerista. Eso sí, en las fotos estaban muy guapos, las cosas como son. Siempre la foto y en una de esas por las fotos se perderán. O por sus obras, como está escrito. Pero el asunto es que Marcos es kirchnerista. Y tantas esperanzas puestas en él desde que me tiró la jubilación para atrás, al estilo perverso, todavía en uso. Sería de esperar que el señor presidente  y la justicia, entren a saco, cosa que no la veo como algo venidero, porque de no hacerlo, como es de suyo, nos darán por el saco a nosotros. Que así es la cuestión cuando se la descuida. Y van tres años  de escarceos y golpes al bajo vientre de la patria; pero no se desayunan o prefieren mates lavados.

     Continúan dormidos, y  nosotros despiertos con la ilusión perdida, el pescado sin vender y el dólar al aire de los descuidados y flotando a favor de los que se hacen la gran diferencia y en horas. Y como es habitual sin trabajar; y siempre a costa de las capas medias desde los ochenta. Las que votan a unos y a otros y los unos y los otros olvidan después del conteo. Por lo tanto volviendo al señor intendente espero que sea uno más de los que se queden sin banca y con menos banco. Salvo el propio de su trabajo. Sería de esperar que este y su maestro, nunca más tengan sitio en la política. Porque a los que andan presos nunca les interesó la política sino el dinero, que por eso están presos o en camino. Pero los políticos, incluidos sobre todo, algunos intendentes, que sin duda han sido los peores; porque no les interesaba la política como tal, ni mucho menos los habitantes, simples engranajes para su engorde. Para hinchar el bolsillo. Pues bien a estos se les debería cerrar para siempre el horizonte político.

     Que no ocupen bancas, ni los bancos de la enorme cantidad de centros cívicos desparramados por el país para, en todos a una, romper lo establecido, la tradición, que es una buena manera de romper los ancestros de las gentes. Ahora bien, en varias oportunidades he escrito que si en cada pueblo los vecinos señalarán a aquellos que durante años han atentado contra la patria chica, la patria grande sería sin duda más grande. Todo luciría más limpio.  Pero hueros de  ideología y tomando café a diario, los unos con los otros, que entre ellos se lo comen, sin interesarles en demasía el pueblo, pues todo termina donde está. Casi sin República. Saben muy bien los intendentes que arriba se llega, desde la banca de concejal, pero el deseo social pasa porque lleguen los mejores y lo que se ve y se ha visto es que en los últimos decenios nada de eso ha sucedido. Porque lo que importa es que la obra hay que hacerla, pero  al precio lógico y no excedido para que venga el retorno. Y además fijar el dólar.

     A ello hay que aducir que una cosa es hacerlo caro: y otra, peor, no hacerla, como ha sucedido por estos parajes. O no terminarla, como ha acontecido en los mismos parajes. Buena parte de esta obra la está terminando el gobierno provincial. O la estaba. Será por eso que los balis quieren el impuesto sojero, ellos que firmaban solicitadas contra el campo y que después compraron miles de hectáreas y ahora se ponen a sí mismos impuestos. Las vueltas de la vida y la airada desvergüenza en sus entresijos. Y a nadie de las bancas se les mueve un pelo. Mientras tanto como veletas locas, las gentes en la calle, llevadas y traídas, unos por su propio juicio y otros por los bocadillos y otros y otras, escupiendo anatemas como piedras y tirando a dar. Lo del aborto ha sido algo tan bajo, me refiero al tratamiento, a los gritos como en graderías antagónicas. Se debió manejar mejor, sin posiciones radicales. Que es lo que pierde al país. 

     Y se añoran los próceres, sobre todo cuando imperan piqueteros  y demás, y los distintos gobiernos y desgobiernos, nos dejaran sin aquellos y su recuerdo, porque desaparecen de las plazas y calles, y de los pensamientos de los políticos que suponen, es  más importante un puma que Sarmiento o que un hornero canta mejor que Roca. Y la ballenita, pobrecita, y así nos va. Con la extraordinaria cantidad de gente que ha levantado este país, que allá, no muy lejos, era la envidia de las grandes potencias, y que ahora, gracias, a los perversos anteriores que sabían de romper naciones y conciencias, y los desorientados de ahora que parece han estudiado en colegios extranjeros y no saben de los grandes argentinos, porque si por un lado son incapaces de fijar el dólar por el otro son inútiles a la hora de tornar a Sarmiento a las aulas y Colón a su lugar.

    O son tan estúpidos que suponen devienen de los indios, con el respeto que merecen de mi parte, y no de los distintos desgobiernos que jamás se interesaron por un indio y levantan sin sentido banderas de indígenas, que ni siquiera han existido como tales, amén que la bandera se ha fraguado en Londres y San Sebastián. Basta ver los distintos ministros y ministras de educación que por una cosa u otra han salido en los medios, para tomar conciencia que con estos personajillos incultos no se puede hacer la patria que la población está esperando. Y para que se entienda la magnitud del hondo percance. Se ha recorrido un camino que va de Sarmiento a Baradel. De aquel que edificaba conciencias a este que las rompe a futuro. O sea, se entiende porque estamos como estamos.

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