San Carlos de Bolívar

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Nota 1338 - (3ª Época)

De esto y aquello

sep. 23, 2018 11:13

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Me parece más  científico introducir a los detenidos en Olmos que andar por la Patagonia desenterrando ilusiones. Es decir, dejarnos de cárceles de lujo y pasarlos a la común como a los demás; y cantan  mejor que Gardel. No habría que gastar en excavaciones ni aguantar las risotadas de los otros, pues te darían al pie las coordenadas, longitud y latitud. Que así habrá que hacer con los intendentes dentro de poco. Y de tal manera, recuperar, sin pasar necesidad.  Pero parece, gustan desde antes de entrar que lo pasen bien quienes ya están y los que estarán. Lo curioso es que solo se habla de ladrones. Sin embargo,  aunque no se les antoje decirlo, y desconozco las causas, sucede que por encima de todo, estos personajillos, son traidores a la patria. Y no solo por omisión, sino en comisión en muchas oportunidades.

     En realidad estaba por escribir sobre  esto, pero he andado por la estación y dan ganas de llorar. Gracias a la desidia de la nación parece un páramo; o lo es. Y gracias a los locales, convecinos de distinto calibre, se han dado el lujo de no dejar un cristal sano. Además está pintarrajeada y de los tres bancos de años, no queda ninguno. Sin embargo, hay algunos trenes, pero no hay bolivarenses que les interese el pasado; o no aparecen. Desconozco si algún día volverá a pasar el tren, en cuyo caso es de esperar no sean aquellos del bali y Randazzo. O harán lo posible para edificar edificios de más pisos de los permitidos. Se usa mucho en los últimos tiempos. De lo que no cabe duda es que algo tan bonito, tan bien hecho y tan pintoresco al día de hoy, que los ingleses hicieron para siempre, cuatro argentinitos lo destruyen en dos noches. Digo yo. O en una de esas me equivoco.

     Cuando llegué a Bolívar, allá a lo lejos, era la ciudad con más futuro en muchos kilómetros a la redonda, salvo Olavarría, y llegaban a Bolívar para múltiples asuntos, incluida la salud, personas de todos los estratos y hasta de Darregueira y Arboledas. Que el tren mandaba. Ha pasado el tiempo y los bolivarenses salen pitando para los lugares que antes no tenían el mismo futuro y que ahora nos han pasado como alambre caído, para usar una frase que le va bien a la zona. Hace tres o cuatro meses escribía, que algo hay que hacer, porque Unzué se pierde, y enviaba fotos a este diario mostrando el deterioro casi en la puerta de la destrucción. 

     Y lo curioso es que dentro de pocos años van a vivir en esa villa vecinos que gozarán del aire, pero no del pasado, que lo tienen  a mano y lo dejan perder; por ejemplo, edificios, galpones, y hasta el tanque para el agua que está construido con duelas, a la manera de una cuba. Quiero decir que cuando vayan a vivir a quince kilómetros  de Bolívar y treinta y tres menos de Buenos Aires, poco o nada tendrán por donde descansar la vista de tanta pampa. Y otro tanto ocurre en Ibarra con una hermosa estación, calles arboladas, y un abandono como es de suyo. Quizás también vayan convecinos a vivir salvo que los expulse el polvillo del cereal. No deja de ser curioso que todas las estaciones abandonadas caigan en manos de  empresarios del cereal; sería de esperar que tal cosa no ocurra en Unzué.

     Hace años, siendo médico del ferrocarril, planteaba a las autoridades, adquirir o alquilar un tren Fiat y remozarlo o una maquinita con dos viejos vagones para hacer el trayecto entre Unzué, Bolívar, Urdampilleta, Pirovano, como una cuestión de recreo a la manera de turismo incipiente o para que los pobladores estén más cerca los unos de los otros y los niños conozcan el tren. Para Hale no me atrevo a sugerir nada porque se interpone una  carretera. No digo que esté soñando con el Transiberiano o con el Al-Andalus, o con el  Tren de la fresa,  o el Oriente Expres. No, solo quiero llegar a Pirovano. Y hasta en una de esas sacándole un poco de punta al proyecto se puede hacer algo más que ir de un lado al otro. Para ir más lejos se puede usar la vía por donde transcurre el tren aceitero. Todo es cuestión de armar trayectos y destinos.

     Y no digo más cosas, porque de sangrar el Vallimanca y pasarlo por Bolívar ya he escrito en varias oportunidades y ese si es un proyecto que catapultaría a Bolívar desde el punto de vista del turismo. También como médico ferroviario me ilusioné con una máquina a vapor puesta al costado de la playa de la estación. Los primeros en pasar a la acción fueron los maquinistas que sabían que en Remedios de Escalada,  había una que no se movía pero servía para repuestos, otra que se movía poco, y la tercera que con un poco de suerte podía llegar a Bolívar por sus propios medios o en las chatas.  Se movieron con la Fraternidad que estaban de acuerdo, y por mi parte me contacté con Jefatura de Sanidad del Roca en aquel momento a cargo de un Teniente Coronel Médico que se puso a mi disposición.

     Pero claro, la máquina tenía que dar un salto tremendo, de la nación a la provincia y de esta al municipio. Escribí una carta con cierta enjundia, que por ahí andará, a un tal Bereciartúa que en paz no descanse, como se me había indicado. Nunca la contestó. Y adiós el tren de las ilusiones o las ilusiones del tren. Que así se cuece el pasado de este pueblo. Sin embargo, alguno de los convecinos que están por los arribas y antes que los bajen, o desciendan solos, podrían, si esto interesa, darse un garbeo por la cantidad exorbitante de trenes que se están destruyendo como resultado de la corrupción. Y hacer los trámites necesarios y ver si cuaja la cosa. Eso sí, antes que nos quedemos sin estaciones, que en eso andan algunos.

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