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OPINION

La grieta que (nos) grita

mar. 29, 2018 13:19

en Opinión

Diario La Mañana de Bolívar - Opinión - La grieta que (nos) grita

Un vistazo por las calles del país.

Existe un cielo y un estado de coma, escribió Páez hace mucho, en 1985, canto del cisne de la primavera alfonsinista, una suerte de destape argentino que, al menos en el arte, marcó una bisagra quién sabe aún no completamente procesada. Desde entonces, la Argentina moderna ha consumido unas dos vidas, y está fumándose otra. Siempre renació; sobre el cuerpo de los mismos, siempre renació.

La canción de Fito que incluye esa línea es la majestuosa Giros.

Existen giros, cabriolas, existen saltos e incluso saltimbanqueadas. Sí, Fito, existe un cielo y un estado de coma, existe un miedo y un estado-patota (en camiseta o smoking, a quién le importan las formas).

Existe el alfonsinismo, el que vive enchufado al pulmotor de los dignos cuadros colgados en la pared, y el alfoncinismo, el que se regodea tan en la traición a lo popular, que es la traición.

Existen los que pretenden clausurar la historia, pero ella, que es la de los que 'crecen desde el pie' o es propaganda de ricos & famosos, se les rebela por cada poro de su militante perversidad.

Existen los argumentos y las justificaciones, y como escribió Nadina Paolone en facebook, vivimos tiempos en que parece que las justificaciones son los argumentos. Como las justificaciones se retintinean en ‘cadena nacional’ real (no la de la ‘yegua’ enchastrándote la novela y los edificantes puteríos de los programas de la tarde) en abrumadora proporción por sobre los argumentos, ellas, muy orondas, se tornan okupas de la verdad. Porque existen (muchos) compatriotas que toman por la verdad a la mentira que más se repite, y ahí tenés: son unos capos ‘haciendo docencia’, no piden paritarias ni licencia, no paran jamás. Aplíquese esto al tema que quieras. Les encanta ser monaguillos de falsos profetas, porque si apareciera uno verdadero se sentirían interpelados, ¡orroir!

Existen tiempos, como este, en el que las justificaciones gobiernan el cotidiano (así dicen ahora, el cotidiano; el once ideal de Sampaoli es tatá, expresan, deslucidos peones de tendencias estupidizantes, los periodistas deportivos; andá…). Por eso se hace un culto del denominado 'daño colateral'. Hasta construir el reino del revés: las medidas del gobierno se granjean más respeto cuando más daño provocan. Se las ve como necesarias y hasta imprescindibles, valientes; era lo que había que hacer, aunque duela, baten ñates con la voz engolada que, ayer, habrán celebrado la ‘cirugía mayor sin anestesia’ de Menem; por fin alguien se atreve a imponerle un sinceramiento al talentoso país sudamericano del choreo, la vagancia y el despelote, así podemos ingresar al primer mundo sin pecados, libres de los típicos lastres del incorregible tercermundismo y de las ‘sobras humanas’ que tiran para atrás. Para eso trabajaron todos estos años, concluye Nadina en la charla feisbukera que es insumo de esta nota. Para que hoy todo lo que hacen (y sabemos lo que hacen, aunque la ‘cadena nacional’ lo esconda, maquille o transforme en otra cosa emperifollándolo con ladinas excusas) encuentre justificación o, lo que es peor, vítores. Tan hundidos en el imperio del revés la remamos, que los sacrificadores fungen de sacrificados, son como empleadores pidiéndoles plata a sus empleados (bueno, caramba). Han montado una implacable carnicería que hace palidecer aquel ‘quirófano’ de Menem. Una pena que a muchos, demasiados, les siga pareciendo una lavandería.

 

Existen el bien y el mal, y, lo siento, querido Ricardo Mollo, no definen por penal: en este período de ‘plumaje negro’, el bien no consigue pasar de primera ronda. Hace unos pocos ‘torneos’ arribaba hasta cuartos de final y jugando bien; no es que ganaba, pero daba combate y era digno, incluso hasta había aprendido a ser lindo. Pero resulta que a unos cuantos les supo a poco. Entre esos varios, oh, qué dolor, muchos que se suponía eran de su hinchada: bilardistas de corazón, para ellos sólo sirve ser campeón. Entonces se pusieron impacientes, empezaron a insultarlo, a tirarle cosas, hasta que el Bien se cansó y se fue a su casa, triste y amargado. Hoy no tiene ni ganas de salir a la cancha. Ahora mismo estamos comprobando -¿todavía quedan sorprendidos?- de lo que el Mal es capaz con ‘campo orégano’ y siniestros timoneles. Pero como diría el fino Francella: a comerla. Por ahora…

 

Sí, existe el alfonsinismo, y también el alfoncinismo. Incluso existen el kirchnerismo y el quirchnerismo, que son como los quistes del pueblo, los que parece que están donde tienen que estar, pero no. Ellos se dedican a obturar que los de abajo sean felices, disfrazados de sincretistas que vienen a fundar una etapa superadora juegan para los malos, hasta erigirse en los jugadores clave. Si pasa una mariposa ellos le cuelgan peso para que se caiga y se haga pedazos, pero escondidos en overoles de laburantes empeñados en labrar un moderno tomorrow que deje atrás los atávicos enconos que desangran nuestra patria. Andá… Parece que ya no se gana con votos, sino con botox ideológico.

Existe una grieta, que ya es grietón. Y existe un desafío, que nos grita en la cara aunque prefiramos seguir refugiados en la comodidad de andar la vida por la avenida de los promedios. Una encrucijada en la que se juega el mañana de nuestro país, que de una puta vez tiene que ser más nuestro que nunca, el país, y entonces lo será el mañana, hoy, que como dijo el ensayista portugués Boaventura de Sousa Santos, urge continuar la lucha con un pie en las instituciones y otro en la calle: de qué lado estás, diría Matías Martin; dónde pararnos, de qué barrio somos, a quiénes elegiríamos en un ‘pan y queso’ para remontar este partido en el que nos están goleando. Para salvarnos en el otro, porque solos, ya no habrá salvación.

Chino Castro

La Mañana

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